Si entramos a definir y conceptualizar en qué consiste el Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC) en menores y adolescentes, veremos que son más las semejanzas que las diferencias si lo comparamos con el que puede padecer cualquier adulto. Como su propio nombre nos sugiere, el TOC es un Trastorno de Ansiedad caracterizado por la manifestación de obsesiones y compulsiones. Con las primeras, hacemos referencia a todas aquellas ideas o pensamientos intrusivos e indeseables que generan malestar en quien los padece y que causa un elevado grado de ansiedad. Por su parte, las compulsiones pueden definirse como todas aquellas conductas, pautas de comportamiento o actos mentales repetitivos que la persona se ve impulsada a hacer en respuesta a una obsesión. Por ejemplo, si nuestro hijo o hija tiene la obsesión de que está sucio o sucia y puede contraer una enfermedad, lavará constantemente sus manos de forma compulsiva. Es decir, estos comportamientos o actos mentales repetitivos están al servicio de reducir la ansiedad y malestar que provocan las obsesiones, aunque si bien es cierto que en niños pequeños puede darse la falta de conciencia sobre cuál es el objetivo que persigue con su conducta, simplemente lo hace sin saber por qué.

En cuanto a la prevalencia de este problema, se ha observado que en la población clínica es mayor entre los niños que entre las niñas y, aunque la edad de aparición se sitúa normalmente en torno a los 12-13 años, pueden observarse casos desde los 7 hasta los 18 años.

En los casos de menores con posible TOC, hay que ser exhaustivo a la hora de realizar un diagnóstico diferencial puesto que pueden darse rituales evolutivos normales que, en ocasiones, pueden confundirse con rituales compulsivos. Para ello debemos fijarnos en tres aspectos fundamentales: la interferencia en la vida diaria (un ritual normativo no la tiene mientras uno compulsivo sí), el objetivo (que en el caso del ritual normativo no será más que lúdico o de juego y en el compulsivo se persigue una reducción de malestar) y las consecuencias de interrumpir el ritual (normativo: sin consecuencias; compulsivo: irritabilidad, ansiedad y malestar).

En el tratamiento para los menores con TOC no es raro que nos encontremos con la prescripción médica de fármacos antidepresivos, puesto que es frecuente que este problema aparezca asociado a un Trastorno Depresivo, pero con esto sólo se observa la mejora de la sintomatología depresiva aunque no así de la compulsiva. Por ello se recomienda una intervención multidisciplinar en la que, mediante un tratamiento cognitivo-conductual en el que se realicen ejercicios de exposición en vivo con prevención de respuesta así como reestructuración cognitiva, se consigan obtener resultados positivos y una mejora significativa en la calidad de vida del menor.

Referencias:

Comeche M y Vallejo M. (2005): Manual de terapia de conducta en la infancia. Dykinson. Madrid.

Méndez F, Espada J y Orgilés M. (2006): Terapia psicológica con niños y adolescentes. Estudio de casos clínicos. Pirámide. Madrid.


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