La raíz etimológica del término violencia remite al concepto de fuerza, y se corresponde con verbos tales como violentar, forzar. La violencia siempre implica el uso de la fuerza para producir un daño. De la misma manera la “fuerza” de las palabras, pueden ocasionar un daño psíquico, psicológico o emocional.

Se puede hablar de múltiples formas de violencia a nivel institucional, político, económico,  social, etcétera.

La violencia ejercida en contra de las mujeres es un fenómeno mundial, los patrones particulares de dicha violencia y las causas de los mismos sólo pueden ser comprendidos y remediados dentro de conceptos sociales y culturales específicos.  Cada sociedad cuenta con mecanismos que legitiman, oscurecen y niegan y por tanto perpetúan la violencia.

Al mismo tiempo que las manifestaciones evidentes de maltrato, otras formas de violencia menos visibles, pero no menos eficaces se ponen en práctica en la familia cotidianamente a través de la desigualdad en la distribución del poder y de las responsabilidades domésticas, de las opciones de realización personal. Asimismo,  dentro de la organización familiar, los “contratos” que la pareja establece muchas veces violentan tanto el sentido como las prácticas de sexualidad femenina, por otra parte, la educación, los medios masivos de comunicación, reproducen una imagen femenina que violenta en muchas mujeres las necesidades de transformación social.

La violencia de género forma parte de conductas cotidianas que la mayor parte de las veces es una presencia invisible que acompaña el entorno social. Nos enfrentamos con hechos violentos en las más disímiles circunstancias.

Giberti y Fernández, opinan que: “los procesos por los cuales desde distintos lugares e instituciones sociales se hace posible la discriminación, se vuelven invisibles en tanto se construye un consenso por el cual se le atribuye a la naturaleza lo que ha producido la cultura” (La mujer y la violencia invisible, Buenos Aires, 1992).

Los estudios existentes en el país sobre el problema de la violencia de género reconocen la multicausalidad y la pluralidad de la violencia. Por ejemplo, la violencia institucional  propiciada por acción u omisión de aquellos organismos encargados de prevenir, erradicar, penalizar la violencia, promoviendo los derechos, la legalidad y la justicia, toman caminos indiferentes y omisos que conllevan a la impunidad y el agravamiento de la violencia de género como en los lamentables casos de los feminicidios.

La violencia ejercida por el género masculino, Gilberti, afirma lo siguiente: “…el poder del padre históricamente convocó la organización de las familias a su alrededor, en busca de una respuesta tutelar para el grupo; de ésta manera la historia narra cómo el padre transformó el hogar en un ejercicio cotidiano de dominación y desigualdades”. El hogar, que supone un entorno seguro y de acogida, se ha tornado en el sitio donde las mujeres y los niños están más expuestos a la violencia. Esta situación lleva a una creciente desvalorización, inseguridad, temores y reacciones desagradables, que condicionan el mal sano desarrollo de quien es víctima de esa violencia de género.

AGRESIÓN

Un primer intento para entender la agresión, deriva de todo aquél intento o forma de conducta que pretende herir física o psicológicamente a alguien.

La palabra agresión hace referencia a la violencia en donde se transgreden los derechos ajenos, actuando ofensivamente. Los estudios sobre violencia de género demuestran repetidamente que cuando un miembro de la familia ataca a otro, el fuerte victimiza al débil. El miembro más poderoso es aquél que tiene una mayor fuerza física y la utiliza contra los más débiles. Podemos afirmar que la violencia de género surge de la lucha por el poder, el dominio y el control del otro.

En el caso del hombre violento, cuando violenta o agrede a su pareja, intervienen un conjunto de sentimientos y emociones particulares que podemos englobar como ira. Esto se puede entender como un conjunto de reacciones psicológicas internas que se manifiestan externamente de manera física (reacción motora) o de manera verbal (insultos, groserías).

TEORÍAS PSICOLÓGICAS.

Las distintas teorías psicológicas tratan de explicar las conductas humanas, algunas en función de determinantes externos o ambientales, mientras otras en función a determinantes internos o intrapsíquicos.

Aprendizaje Social.

Sostiene que el funcionamiento psicológico se explica en términos de una interacción recíproca y continua entre los determinantes personales y ambientales.  El ser humano aprende pautas de comportamiento observando e imitando a otras personas. Se toman modelos en el lenguaje, en lo social, en el estilo de vida, alimentación, hábitos, tradiciones, costumbres, vestido, etc. que sirven de ejemplo y este proceso de “moldeado” constituye un factor indispensable para el aprendizaje.

El “moldeado” que recibió el hombre generador de violencia, parte de su historia de crianza, basada en un modelo autoritario y verticalista de poder y donde los castigos y los insultos son utilizados como métodos educativos y de aprendizaje para resolver problemas o conflictos cotidianos mediante el uso de la violencia sin que se tenga otras habilidades para la resolución de problemas.

En el caso de la mujer, víctima de violencia, en su crianza, y según esta teoría del aprendizaje social, recibió modelos de dependencia y sumisión, experimentando un verdadero conflicto entre expresar y manifestar sus inquietudes y deseos, y el temor por recibir castigo ante tales expresiones; de éstas restricciones e inhibiciones surgen características de personalidad en las mujeres víctimas de violencia de género como son:

  1. Baja autoestima. Débil imagen de sí misma. Es una persona insegura, que no tiene confianza en sus propios logros, se percibe a sí misma como frustrada y mediocre.
  2. Necesidad de apoyo. Cada situación de la vida cotidiana la experimenta como un desafío insuperable por el temor a hacerlo mal y recibir un castigo, de ahí la necesidad de constante re-afirmación y apoyo.
  3. Aislamiento emocional. Puede existir una aparente sociabilidad, pero no se involucra afectivamente por el temor a las represalias que esto le pueda ocasionar por parte de su generador de violencia por lo que evita la interacción social y emocional con las personas.
  4. Dependencia emocional hacia el generador de violencia. Establece una relación simbiótica con su agresor, donde se borran los límites entre su persona y el violentador, racionalizando que la forma de mal-trato de éste está explicado o justificado por el amor que él, le tiene a ella.

Psicoanálisis.

El psicoanálisis, como teoría de la personalidad se fundamenta en la existencia del inconsciente como eje rector de la conducta y el comportamiento de las personas, a diferencia de la teoría del Aprendizaje Social, el psicoanálisis, describe un aparato psíquico constituido por tres instancias que son: el ello (principio del placer), el yo (principio de realidad), y el súperyo (principio moral); estas tres instancias rigen nuestra vida de relación con los otros prácticamente desde nuestro nacimiento, es a partir de lo que Freud denominó la novela familiar, que inicia su travesía, con los primeros objetos de amor del bebé, la madre y el padre, ambas figuras o imagos juegan un papel fundamental en el estudio de esta teoría, la triada madre-hijo-padre dará lugar a los llamados complejos familiares, así denominados por J. Lacan, estos pueden dar respuesta a la genealogía de la violencia familiar, haciendo énfasis en la función paterna y su relación con la dialéctica hegeliana del amo/esclavo.

La violencia de género es un fenómeno social actual que representa en todas sus formas el mal-estar en la cultura en donde el hombre no identifica su masculinidad a través de la feminidad, convirtiendo a la mujer en la re-presentante de su angustia, por eso para el psicoanálisis la violencia hacia la mujer no es el resultado exclusivo de la hegemonía patriarcal, sino la dificultad que el hombre encuentra para identificar su propia feminidad, que lo constituya plenamente en mas-culino sin poner en riesgo su función como tal; el ejercicio agresivo, violento y sistemático de la investidura machista hacia las mujeres es la expresión de la angustia que éstas le re-presentan ante su propia falta, ex-presando su acto (acting) violento que puede estar colmado de pulsión de muerte y llegar al feminicidio.